La experiencia de jugar Atomix para mí se siente más como un reto mental que como un juego común. No es de acción ni de disparos, sino de pensar bastante antes de hacer cualquier movimiento.
Al principio parece fácil, porque solo tienes que mover “átomos”, pero cuando te das cuenta de que se deslizan hasta chocar con algo, ya cambia todo. Ahí es donde uno empieza a pensar más, como “si muevo este aquí, después no lo puedo devolver”, y toca planear bien cada paso.
A veces es frustrante, porque puedes dañar todo con un solo movimiento y te toca reiniciar. Pero también es chévere cuando logras armar la molécula, porque sientes que sí usaste la cabeza y no solo jugaste por jugar.
En general, es un juego tranquilo, pero que te hace concentrarte mucho. Es de esos que uno juega más por el reto que por diversión rápida, pero igual termina gustando porque pone a pensar bastante.

No hay comentarios:
Publicar un comentario